La Biblia y la ciencia económica

La Biblia y la ciencia económica

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Cuando mi Santi tenía cuatro años me preguntó sobre la historia de David y Goliat. Hecho al “papá sabelotodo” (como él mismo me dice) le expliqué sobre un libro que tiene dos partes, el antiguo y el nuevo testamento. En el antiguo hay muchas batallas y peleas del tipo David y Goliat, mientras que en el nuevo el mensaje central de Jesucristo es el amor. Luego, le conté de cómo David venció a Goliat y, además, después del evento con la piedra, cómo fue y le cortó la cabeza. Terminé la historia con mi visión de la Biblia: “Y así, hijito, el antiguo testamento muestra cómo es el ser humano es (muchas batallas, peleas y lleno de conflictos) y, el nuevo testamento, trata de cómo el ser humano debería ser, donde el amor al prójimo es parte central del mensaje.” “¿Qué opinas, hijo?” Le pregunté. El Santi se acercó y me dijo en voz baja: “me gusta más el antiguo testamento”.

Cuando trabajaba en Sudán del Sur le conté esta historia a un buen amigo canadiense (muy creyente) y él me dijo que compartía la visión del Santi. Me comentó que le gusta más el antiguo testamento: “Porque es más humano” me dijo. “Porque el nuevo es muy ideal”, me dijo de nuevo.

Coincidentemente (¿o no?) la ciencia económica también se puede dividir en dos partes muy parecidas. La economía positiva, que intenta describir una realidad y, la economía política (o también llamada normativa) que trata sobre cómo deberían ser las cosas.

La economía positiva está llena de modelos matemáticos, técnicas econométricas, estadísticas, estimación de probabilidades, modelos de redes neuronales, es decir, todos los instrumentos que nos ayudan a entender una realidad. Por ejemplo, en el pasado acudimos a instrumentos matemáticos, teoría de conjuntos y relaciones de preferencia, para comprender la racionalidad humana; hoy en día, la misma racionalidad, la intentamos entender a partir de instrumentos propios de la psicología y/o la neurociencia. Todo esto con la misma intención: entender el comportamiento económico de los seres humanos.

Por otra parte, la economía normativa intenta, a partir de los resultados de la economía positiva, delinear los criterios de cómo deberían ser las cosas. Como usted comprenderá, aquí se debaten temas “más filosóficos” ¿Quién debería recibir ayuda del Estado? ¿Cuán grande debería ser el Estado? ¿Cuáles son los criterios de justicia distributiva (si alguno)? Aportes como los de Rawls, Sen y Harsanyi son piezas centrales de este complejo rompecabezas epistemológico.

Como es usual, un ejemplo ayudará a entender ambas caras de la economía. Veamos la discusión sobre las regalías del gas natural.

Con las herramientas de la economía positiva podemos conocer cuánto dinero tendrán las regiones (por las regalías) en un determinado año, cuál es la proyección de ingresos hacia el futuro, cómo varían los ingresos por regalías cuando cambian los precios internacionales del petróleo, inclusive, podemos conocer el impacto sobre el PIB de las regalías del gas natural, el impacto sobre el empleo, etc. Es decir, podemos intentar conocer cómo son las cosas. Econometría, estadísticas, modelos aquí son bienvenidos.

Con las herramientas de la economía normativa podemos responder a preguntas como esta: ¿es bueno que un país viva de las regalías a los hidrocarburos? Tenemos argumentos a favor: 1) que son nuestros recursos y, por ello, deberíamos aprovecharlos; 2) que son la única fuente de riqueza disponible en este momento; 3) que, para mantener el stock de capital de la economía, es necesario reinvertir estas regalías en otro capital, por ejemplo, el capital humano a través de mayor educación.

También hay argumentos en contra: 1) que el delirio rentista que provoca, enseña a nuestros hijos que no es necesario trabajar, simplemente extender la mano para que “caigan las regalías”; 2) que los habitantes de un país en lugar de volcar su inteligencia a generar nuevas formas de ganar dinero, utilizan dicha inteligencia para ser líderes de un grupo de gente y controlar cómo se gastan estas regalías; 3) que vivir de las regalías al gas natural no es precisamente una medida a favor del cuidado al medio ambiente, ya que las personas, en su afán de tener más regalías, hacen la vista gorda a las emisiones de CO2.

Cómo son las cosas y cómo quisiéramos que sean, son preguntas fundamentales del ser humano y, sobre ambas, la economía y los economistas, tenemos algo que decir.

S. Mauricio Medinaceli Monrroy

Diciembre 8 de 2022