Mauricio Medinaceli Monrroy
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Discriminación y las computadoras de Harvard

En lo personal me siento discriminado cuando una persona, sin conocerme, saca conclusiones sobre mi actuar. Es muy sencillo, me mira (de pies a cabeza) y asume que tengo una determinada actitud, algún pensamiento o que la calidad de mi trabajo es dudosa. Probablemente usted, estimado lector, también tiene su propia experiencia con la discriminación y será tan variada como seres humanos existen.

Como la economía es una ciencia social, también nos interesan los temas de discriminación, ya que afectan de muchas maneras al bienestar de las personas. Sin embargo, es necesario tener un criterio uniforme de discriminación. Sería muy difícil analizar un fenómeno social considerando todas las opiniones y sentimientos sobre discriminación. ¿Cuáles son los criterios de discriminación en economía? Uno de ellos, quizás el más utilizado, es aquel que asocia la productividad de un trabajador con su salario. Veamos cómo funciona esto.

A comienzos del siglo pasado en el observatorio de Harvard y bajo el comando de Edward C. Pickering, un grupo de mujeres llamadas (coloquialmente) las “computadoras de Harvard” realizaban enormes y complejos cálculos matemáticos en el campo de la astronomía, con el fin de armar un catálogo de estrellas. No cabe duda de que el aporte de este grupo de mujeres fue espectacular, sin embargo, ahora deseo concentrarme en un fragmento del “Libro de la astronomía” que hace alusión a estas mujeres:

“Si bien muchas de las computadoras de Harvard poseían conocimientos de astronomía, no podían acceder a puestos académicos por ser mujeres. Cobraban como un trabajador no especializado”.

Así es, cobraban como un trabajador no especializado. ¿No es acaso un excelente ejemplo sobre discriminación económica? Si usted analiza un problema matemático resuelto, realmente no se pregunta si lo hizo un hombre o una mujer, ahí radica la belleza de las matemáticas y estadísticas, los resultados están ahí y usted sabrá interpretarlos. Sin embargo, en el caso de las “computadoras de Harvard” el pago que recibían no dependía únicamente de la calidad de su trabajo, sino también de su condición de mujer. Una auténtica discriminación desde una perspectiva económica. ¿O no?

Si los temas en economía fueran tan sencillos de resolver, solo bastaría estudiar un libro en la universidad, aquel que contiene todas las respuestas. Pero no funciona así. Habrá un grupo de economistas que opinará: “El mercado funciona bien y los agentes son racionales, por tanto, debe existir una explicación por la que las computadoras de Harvard recibían un menor salario”. Otro grupo, dirá: “el trabajo que realizaron las computadoras de Harvard fue exactamente igual al de los hombres, por tanto, deberían ganar lo mismo”. Un tercer grupo opinará: “el bienestar de la sociedad está por encima del bienestar individual, por tanto, es el Estado quien debe decidir cuánto ganan las computadoras de Harvard y su jefe, el Sr. Pickering”. Y así, hay tantas opiniones como corrientes de pensamiento.

¿Fue el trabajo de las computadoras de Harvard exactamente igual al que podría haber realizado un hombre? Imagine por un momento que sí, de hecho, asumamos que el trabajo era mejor al que hubiera realizado un grupo de hombres. ¿Quién debía controlar y fiscalizar esta situación?, ¿el Estado?, ¿un burócrata del gobierno?, ¿un representante de la sociedad civil?, ¿una agencia reguladora contra la discriminación?, ¿la policía?, ¿los medios de prensa?, ¿las universidades?, ¿la junta vecinal? Entonces, en economía, no solo es necesario investigar el origen del problema ¿es exactamente igual el trabajo de unas personas y otras? También es necesario tener mucho cuidado con las soluciones. No sea que el remedio resulte peor que la enfermedad. Le invito a reflexionar sobre esto: si existe discriminación, entonces ¿quién debería controlarla?, ¿cómo debería ejercer este control? Estas dos preguntas parecen inofensivas, pero son capaces de crear monstruos institucionales inmanejables.

¿Qué hacer? Si las computadoras de Harvard eran discriminadas y no se desea un monstruo institucional ¿cómo solucionamos el problema? Hay varios caminos, le invito a navegar un poco por Google. Sin embargo, como muchos problemas en economía, todos estos caminos tienen sus cosas buenas y sus cosas malas.

Quizás no podamos resolver todos los problemas del mundo, pero podemos seguir la recomendación que nos hizo Adam Smith (el de la mano invisible), un poco de empatía con el prójimo, nos ayudará a tener sociedades mejores. Si usted siente que discrimina económicamente a una persona, póngase en su lugar y reflexione cómo quisiera ser tratado.

S. Mauricio Medinaceli Monrroy

La Paz, 1 de septiembre de 2022

 

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