Los “maestros albañiles”, el dueño de un BMW y el subsidio a la gasolina

Los “maestros albañiles”, el dueño de un BMW y el subsidio a la gasolina

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(Artículo publicado en el periódico Página Siete el 3 de febrero de 2022)

Imagine que es mediodía y usted está cómodamente sentado en una plaza de la ciudad, mientras toma un helado ve jugar fútbol a unos “maestritos” albañiles. Luego de un gol de taquito, el partido termina y todos se retiran para comprar los almuerzos y la coca cola de su casera. Usted gira la cabeza y ve un lindo BMW negro que lentamente pasa por ahí, un muchacho con la música a todo volumen hace gala de tremendo coche. Usted -recordando sus clases de economía- piensa: “es curioso cómo los maestritos albañiles ayudan a que el muchacho del BMW tenga una gasolina barata, es decir, le subsidian la gasolina”.

¿Qué está pasando aquí? Resulta que cuando usted (u otra persona) consume coca cola (o cualquier bebida gaseosa) paga impuestos (en especial el impuesto al consumo específico), es decir, una parte del precio que recibe la embotelladora va directo a los ingresos del gobierno. Por otro lado, el gobierno utiliza estos recursos (y otros más) para subsidiar el consumo de gasolina y diésel oíl en el mercado nacional… y sí, también subsidia la gasolina al dueño de ese fantástico BMW.

La pasada semana conversaba con un amigo y le pregunté: ¿Quién financia los subsidios a la gasolina y diésel oíl? Este amigo me respondió: “El Estado”. Mi réplica fue inmediata, quienes subsidian son los contribuyentes, que incluyen a los “maestritos” albañiles que compraron una coca cola. No se olvide, son los contribuyentes (quienes pagamos impuestos) los que financiamos lo que hace el gobierno.

La historia de los maestritos y el dueño del BMW no parece muy sensata. Quizás usted se pregunte por qué no cambian las cosas. Resulta que, como todo en la vida, existe la otra cara de la moneda. Cuando se quitan los subsidios a la gasolina y diésel oíl, casi por inercia todos ajustan los precios hacia arriba, en sencillo, la gente se asusta y sube precios. Lo que termina generando inflación y todos sufrimos… buenos, unos más que otros. Por ello, es que este tema de los subsidios es un dolor de cabeza en Bolivia y el mundo, le invito a revisar las noticias (tristes) de Kazajistán con relación a este tema.

Entonces ¿qué hacer? Por un lado, eliminar el subsidio con alta probabilidad es la chispa para generar un conflicto social importante. Por otro, mantener un subsidio genera situaciones como la que relaté al principio y no solo ello, también disminuye la producción nacional de petróleo e incrementa las importaciones ¿vio la noticia de esta semana donde el valor de las importaciones de combustibles fue casi igual al valor de las exportaciones de gas natural? Mantener subsidios también afecta negativamente al medio ambiente, dado que incentiva el consumo de combustibles fósiles. Cuando la energía es barata el ser humano tiende a malutilizarla ¿Recuerda estas expresiones?: “cuando llego a casa enciendo la TV para no sentirme solo”; “mantengo el automóvil encendido para tener calefacción”; “¿supiste que Pepe utiliza gas para calentar la piscina de su casa?”; “hoy me compré una camioneta hermosa de 4.000 cc, no es lío… porque la gasolina es barata pues”.

Paul Krugman es un reconocido economista norteamericano que se caracteriza por frases hilarantes y llenas de sarcasmo, recuerdo una de ellas: “Si algo no dura para siempre… entonces debe acabar”. Es una frase extraña, pero creo que ayuda a entender que los subsidios algún momento deben terminar. Por este motivo la pregunta es ¿cómo queremos que acaben? Aquí caben dos posibilidades: 1) de forma abrupta y con crisis de por medio o; 2) de forma planificada y ordenada. Si usted prefiere la segunda opción, al igual que yo, déjeme contarles que existen algunas recomendaciones al respecto.

Primero, es necesario hacerlo de forma progresiva o escalonada, no ayuda si se elimina todo el subsidio de una sola vez ¿recuerda diciembre del año 2010? Segundo, si desea ayudar a familias de pocos recursos puede eliminar el subsidio al precio de la gasolina e implementar, al mismo tiempo, un subsidio directo a los más pobres, tal como lo hizo El Salvador. Tercero, diálogo, diálogo y más diálogo, con juntas vecinales, sindicatos de transporte, es decir, todas aquellas personas que de una forma u otra se verán directamente afectadas con esta eliminación.

Mantener un subsidio es como dilatar la ida al dentista cuando una muela no nos deja vivir en paz. Es posible vivir tomando ketorol, pero si no cura esa muela, la única solución que quedará es la extracción, que puede incluir mucha pena y llanto. ¿No sería más sensato curar esa muela… aunque duela un poco al principio?

Para cerrar con “broche de oro”, el Presupuesto General del Estado para el año 2022 considera que la subvención e incentivo a los hidrocarburos será de 689 millones de dólares, un poco más de 400 bolivianos anuales por cada ciudadano boliviano.

S. Mauricio Medinaceli M.

La Paz, febrero 3 de 2022